ESPAÑA SE QUEDA EN BLANCO


Hace escasos días ha abierto sus puertas la 12º Muestra Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia, un evento ineludible para testear cómo anda la arquitectura internacional; un escenario imprescindible para ver y ser vistos donde las fiestas en palazzos son el pan nuestro de cada día. Un acontecimiento para el que los diferentes países participantes preparan sus pabellones durante meses con taimada inteligencia y minucioso cuidado.

Para quienes no la conozcan, la Biennale de Venecia es comparable en materia de arquitectura al Festival de Cine en Cannes o a la Semana de la Moda en París, es decir uno de los principales muestrarios periódicos de arte, diseño y obviamente arquitectura contemporáneos a nivel internacional. Para esta duodécima edición la directora electa ha sido la arquitecta japonesa Kazuyo Sejima, galardonada este mismo año con el premio Pritzker, y la primera mujer en desarrollar tal cargo. Dentro de las exposiciones nacionales se han visto altos y bajos, apuestas arriesgadas y también anodinas, algo completamente normal en este evento. Cabe destacar los pabellones de Holanda con una instalación crítica de los edificios vacios y la reutilización de los mismos en el país de los tulipanes o el onírico bosque con raíces hiper-tecnológicas creado por Philip Beesley para el Pabellón de Canadá.

Por su parte el Pabellón de España, un edificio diseñado en 1952 sobre lo que fuese pabellón alemán por el arquitecto Vaquero Palacios y reutilizado año tras año para las consecutivas representaciones patrias en las bienales de arte y arquitectura, no ha dejado indiferente a nadie. Para esta ocasión España ha tomado la lógica, y hasta cierto punto comprensible decisión, de realizar una exposición con presupuesto mínimo, por aquello de que la "crisis nacional" en la que estamos inmersos debe quedar patente en todos los estadios y el derroche público nunca está bien visto. Esto es algo que a primera instancia contrasta cuando a unos cuantos miles de kilómetros, en la Expo Internacional de Shangai, se ha elevado el pabellón español más costoso de todas las exposiciones internacionales, con un presupuesto de nada menos que de 74 millones de euros. Si bien es cierto que el pabellón para Venecia corre a cargo del Ministerio de Vivienda y el de Shanghai de la SEEI (Sociedad Estatal de Exposiciones Internacionales), ambos tienen una financiación con fondos públicos lo cual no les exime a ninguno de ellos del jurado popular. Es una desfachatez que en la propia inauguración del pabellón español, los políticos de turno se vanagloriaran de los éxitos de la arquitectura española, pues han sido cuatro los representantes españoles seleccionados por Kazuyo Sejima en la exposición general –la desarrollada paralelamente a las exposiciones de los pabellones nacionales- Andrés Jaque, Antón Garcia Abril, SelgasCano y AMID/Cero9; siendo España el segundo país más representado después de Japón.

Y es que la exposición montada para el Pabellón de España ha sido la comidilla en la semana de presentación de la Biennale de Venezia, una exposición sin comisariado conocido, donde se han expuesto un sencillo vídeo de las bibliotecas de las escuelas de arquitectura españolas junto a un bestiario de maquetas de la competición de estudiantes Solar Decathlon; que si por una parte fue una gran apuesta por la promoción de la arquitectura sostenible desde las escuelas, no es ni por asomo reflejo de la situación e intereses arquitectura española contemporánea. Más le hubiera valido a Javier Ramos, artífice o cabeza visible de toda la trama, haber reutilizado la genial exposición montada para la X Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, o haber cerrado y tapiado el pabellón español, con un gran cartel que dijera algo así como ‘CERRADO POR CRISIS’. Aunque esta última no hubiera sido la única solución posible, ya que todos sabemos que cualquier estudio o curator joven español podría haber comisariado una excepcional exposición con un presupuesto mínimo, tal como hizo el Pabellón de Bélgica en la pasada bienal, que bajo el título ’1907…after the party’ llenaron todo el suelo del pabellón de confetti y fueron recordados como uno de las mejores pabellones y una de las más divertidas instalaciones de la pasada bienal, corroborando que no es necesario un gran presupuesto para desarrollar una admirable instalación. Y por último no debiéramos olvidar la fastuosa intervención en el catálogo general de la exposición, souvenir perfecto y casi único testigo a futuro de lo que sucedió en la bienal de arquitectura de Venecia de 2010. En el apartado del catálogo correspondiente a España se pueden ver dos relucientes hojas en blanco con un pie de página donde se lee ‘Spain chose to be represented in this catalog by two blank pages’ que viene a decir ‘España ha decidido ser representada en este catálogo por dos páginas en blanco’. No sabemos si no se llegó a tiempo a entregar el material, no se quiso enviar nada o decidieron también ahorrar en correos electrónicos a los organizadores del catálogo.

Este hecho acaecido en Venecia no es más que un paso adelante en la decadente caída de la profesión, desprestigiando el valor de la arquitectura española en la principal muestra de arquitectura a nivel internacional. Y es que todo esto ya era previsible al conocer hace meses el título de la exposición española, ‘Arquitectura entre límites’ que reitera y hace patente sin duda lo más sensato de todo el pabellón español, los límites de lucidez en materia de arquitectura del Ministerio de Vivienda, máximo órgano rector en la materia.